Instrucciones para cruzar una calle

(Homenaje a Cortázar)

Letra S

 

 

 

 

 

 

 

i usted observa un espacio más largo que ancho, a cuyos lados se alinean casas, y las dos filas de casa mantienen, más o menos, el mismo espacio de separación independientemente del punto de la fila en que usted se sitúe, con toda seguridad está usted en una calle. Sitúese apoyando su espalda a una casa cualquiera. Si permanece allí durante un tiempo suficientemente largo verá gente circulando por la calle. Observará, además, que la gente que circula a pie, en general, lo hace muy cerca de las casas, mientras que aquellos que lo hacen montados en cualquier vehículo de tracción mecánica o animal, lo hacen de forma más o menos equidistante a las dos filas de casas. Es decir, los que marchan a pie lo hacen por los lados de la calle y los otros por el centro de la calle. A este ir y venir de gentes se le llama tráfico. El suelo de la calle probablemente facilitará esta organización del tráfico ya que, normalmente, el pavimento es diferente a los lados de la calle que en el centro. A los lados observará baldosas, mientras que en el centro lo más común es que el pavimento sea de cemento o piedras. Es decir, la calle ha sido pavimentada para facilitar esta división del espacio descrita. A la zona de baldosas se le llama acera y a la cementada, calzada.

Si usted aún tiene paciencia para seguir contemplando la escena, verá que hay gente que marcha a pie que, de vez en cuando, en vez de circular a lo largo de la calle lo hace de forma perpendicular a ésta (invadiendo temporalmente el centro de la calle). A este movimiento perpendicular se le llama cruzar la calle. Observe también que esta forma de circular no suele durar demasiado porque el viandante se daría de bruces contra la pared de una casa y, a menos que tenga la intención de entrar en ella (pero entonces tendría que abrir una puerta y eso es un asunto muy complicado que no podemos tratar aquí por falta de espacio), revertirá a su marcha original a lo largo de la calle, pero en la otra acera (si se encontrara espacio libre en vez de una casa el viandante estaría al final de la calle, pero dejamos ese caso particular para más adelante). Este movimiento perpendicular suele estar prohibido, ya que es peligroso para los viandantes, a la gente que circula en vehículos, que sólo tienen permitido transitar por el centro de la calle. Así pues, cruzar la calle es un acto específico del sujeto que marcha a pie (a menos que dos calles se intersecten, como un aspa, pero esa variedad no nos interesa ahora). Aquí no podemos explicarle el impulso que lleva a algunos viandantes a cruzar una calle, pero le invitamos a experimentar las sensaciones que ello produce. Para cruzar la calle sitúese cerca del borde de la acera. Mire las puntas de sus zapatos, ¿sobresalen del límite de la acera? Entonces debe retroceder un poco. No sería aconsejable para el estado de sus pies ser pisado por un vehículo. ¿Están a menos de un paso del borde de la acera? Bien, ésa es la posición correcta. Mire a su derecha, hacia el centro de la calle. En ese momento lo que haga el resto de viandantes no es importante, concéntrese en el movimiento de los que marchan en vehículos. Compruebe que ninguno está peligrosamente cerca de usted. Inspeccione de igual manera la calzada hacia su izquierda. Este estudio de la calle debe ser rápido y certero. Es posible que se le acelere el corazón, o sienta vértigo, o le suden las manos, o todo a la vez, en el momento de decidir cruzar. Intente relajarse. No cruce hasta que tenga la completa seguridad de que al poner el pie en la calzada ningún vehículo va a chocar contra usted. En ese momento, ponga usted un pie en la calzada y camine deprisa. Alcance la acera de enfrente. Si ha llegado sano y salvo allí, usted ha cruzado la calle con éxito. Gire sobre sí mismo y contémplela. Tenga en cuenta que su perspectiva, que es su único punto de referencia, ahora ha cambiado. Aquello que estaba a su derecha ha pasado a su izquierda, y viceversa. Sí, el mundo está al revés, como si lo observara en un espejo. No se deje llevar por el pánico; sigue siendo el mismo mundo, usted simplemente está observándolo desde otro ángulo. Para verlo como antes sólo tiene que volver a la acera donde usted estaba antes, que, recuerde, ahora es la acera de enfrente. Cruce de nuevo la calle y compruébelo.

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