“Correspondencia 1900-1916” de Inés Aizpurúa de Letona

María con sombrero

(María con sombrero, Joaquín Sorolla)

(Crítica aparecida en “Babel”, 31/03/2012)

El día 24 de marzo de 1916, hace hoy exactamente 96 años y 7 días, el navío Sussex zarpó del puerto de Folkstone, Inglaterra, con rumbo a Francia. Hacia las 14:30 de ese día el Sussex fue alcanzado por un torpedo alemán y se partió en dos. Ochenta personas murieron en el naufragio, entre ellos Enrique Granados y la poeta Inés Aizpurúa de Letona (Getxo, 1875-1916). Al contrario del músico, que ocupa de forma incuestionable un puesto destacado en la música española de los siglos XIX y XX, Inés Aizpurúa ha sido siempre considerada una figura menor dentro del modernismo hispano. Hasta ahora. El pasado enero se clausuraron las II Jornadas “Poesía en el Matadero” (Madrid, 2012), cuyo lema era “Modernismo y posmodernidad”, con un acto multimedia dedicado a la poeta. En ese acto, su obra “Sonetos del abismo secuencial” fue reivindicada como la gran precursora del posmodernismo en lengua española. En palabras de la poeta y crítica Elena Ramírez, “Inés Aizpurúa pone en cuestión el concepto de obra artística como algo cerrado y unívoco, abriéndola a un juego especular en el que el escritor sólo es el principio reactivo. Es una adelantada a su tiempo”. El poeta Juan Pablo Mistral dijo en aquellas jornadas: “La trayectoria autoral de Inés Aizpurúa fluye desde la transustanciación del arquetipo a la enajenación corporeizada: se vive en sí desde la alteridad”. Desde ese momento los estantes de las librerías se han llenado de reediciones de la obra citada y numerosos estudios sobre la autora. Debemos, por ello, celebrar la reciente publicación de parte de su correspondencia en un volumen editado por la crítica literaria Georgina Acevedo. “Correspondencia 1900-1916” (Ed. Versalia, 2012) recoge el intercambio epistolar de Inés Aizpurúa con el gran crítico y escritor Pierre Menard y la correspondencia que mantuvo con los hermanos Machado. Estas cartas son el complemento indispensable de los “Sonetos del abismo secuencial” ya que muestran una autora distanciada de sus propios postulados poéticos. Véase, por ejemplo, el siguiente extracto de la última carta, fechada unos días antes de su muerte, dirigida a Antonio Machado:

Llegaremos al punto en que será imposible juzgar si algo es arte (o si un montón de renglones escritos es un poema) sin conocer su circunstancia —parafraseando a Ortega y Gasset— es decir: sin saber cómo, cuándo, quién y por qué lo ha compuesto. De tal manera está ocurriendo esto, que, en breve, ya no podremos hablar de arte sino de fenómeno artístico, donde la obra sólo será un elemento más y, ciertamente, menos importante que el autor o el público. De alguna manera, esta idea aparece en tus versos ‘caminante, no hay camino/se hace camino al andar’ donde, como siempre, muestras tu maravillosa capacidad para expresar poéticamente una idea filosófica —gracias por mandármelos, yo no cambiaría absolutamente nada, son magníficos; aunque te confieso que me traen a la mente las palabras del gato de Cheshire a Alicia (ya sabes, el cuento de Lewis Carroll, ese degenerado que tan lamentablemente veo relacionado con mi vida). Es más —volviendo al tema que nos ocupa—, si tuviera que aislar un solo elemento que definirá el arte será la autoría: ‘arte es lo que el artista hace’. Y artista será aquel que muestre y ejerza la voluntad de serlo. Ésta es una de las consecuencias de la banalización de las teorías de Federico Nietzsche; que, quizás, no sea la más peligrosa pero sí la más desagradable para el oído y el cerebro educado. No, querido Antonio, no es una de mis ‘boutades’; sinceramente creo que en las próximas décadas veremos una explosión de artistas que se afirmarán como tales por el hecho de sumergirse en el proceso de creación— y esa será precisamente su obra artística—. En este proceso será imprescindible contar con el apoyo del público. Y la única razón por la que el público aceptará como arte cualquier cosa que un autor le ofrezca será la completa igualdad entre ambos. Es decir, sólo un accidente temporal determinará que uno de ellos esté en un vértice determinado del fenómeno artístico. La única virtud (y me refiero a la areté griega) que se exigirá al artista— y por la que se le reconocerá— será su autenticidad. Es decir, que el artista crea que lo es. Esto es la democratización del arte como ni tú ni yo veremos. Yo, desde luego, no podría participar de ese fenómeno artístico porque, de acuerdo con ese criterio, no soy artista, sino una matemática aficionada que quiere entender su herencia literaria. En realidad, casi se podría afirmar que la mía— por ejemplo, los “Sonetos del abismo secuencial”— es una obra sin autor a pesar de que sí tiene público. Veremos qué dice ese público cuando lea lo que estoy escribiendo sobre ella.

La correspondencia de Inés de Aizpurúa es de obligada lectura para críticos y amantes de su poesía.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s