La brizna

cenefa

Llegó a mi casa

y la llenó de sombras,

como quien toma posesión

de sus dominios,

mientras decía:

“nada temas, que nada tuyo es”.

 

Y abandoné mi casa

y me sentí ligera,

como una brizna de luz que temblara

al saber llegado el ocaso,

 

esa brizna de luz

que nada tiene que alumbrar

y flota, inerme, oscura,

en la noche eterna, sin fin.

 

 

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