Laudes

cenefa

 

El rayo de la aurora,

el silbido del mirlo

o, mejor, la insistente carraspera del grajo

llamando

a alguien,

volver a la materia,

a la solidez de los nombres

o un propósito,

eso es: una dirección.

 

Todo vuelve a empezar,

el alba,

su llamarada,

la condena del día.

 

Y se apartan las brumas,

y los cuerpos surgen y se derraman

por las calles y todo

vuelve a ser

lo que ya ha sido.

 

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