Vísperas

cenefa

El temblor del aire enrojecido,

el silencio del mirlo,

las sombras que se agitan en el muro

anuncian la tiniebla,

el desgarro del sentido,

lo vano

del movimiento.

 

Y llega la quietud sobre las cosas,

el cuerpo abandonado,

y el escorzo de

la mano dice:

“Soy tuya, sombra mía”.

 

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